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Lo comenta Miguel Ángel Yáñez
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La penúltima tarde de la Feria de Otoño ha entrado en la historia de Las Ventas y se ha demostrado que para que eso ocurra tiene que haber esa conjunción de cosas, animales y hombres se pongan de acuerdo sin haberlo planeado antes pero poniendo todo de su parte y cada uno por su lado.
Una tarde con un final feliz y ansiado y deseado siempre por toreros y ganadero y es lo que ha ocurrido, cuando Antonio Ferrera y Román hicieron lo que tenían que hacer, pese a que muchos no lo sepan o no lo hagan, con unos toros con nombre y apellidos Adolfo Martín, con buenas perchas en la cabeza, encastados y difíciles, muy complicados y en algunos momentos peligrosos.
Siempre se dice que si hay toro hay emoción y espectáculo, pero también tiene que haber toreros que les sepan no sólo plantarles cara, sino dominarlos, torearlos y mostrarlos al aficionado y público para demostrar su arte, oficio y que el ganadero salga satisfecho de sus toros que con tanto mimo y cuidados ha criado durante cuatro años; y hoy Ferrera y Román lo han hecho.
Ambos han estado verdaderamente casi sublimes en un mano a mano que suscitaba muchas dudas desde que se anunció, pese a que los dos venían de salir por la Puerta Grande en San Isidro, Antonio Ferrera con su histriónica forma de ser y torear y Román siempre bullidor con su sonrisa e incansable ánimo y esfuerzo torero.
Con todos esos ingredientes a favor, los planetas y astros se alinearon y lo hicieron de la mejor y más impactante forma de toros y toreros. Toros a los que hubo que sacarles pases y enseñarles a embestir, en algunos casos era como sacar agua de un pozo ciego; y sí que la sacaron esa agua bendita del toreo bien hecho.
Además Antonio Ferrera su toreo y su forma de hacer lo complementó con esa particular manera de citar al toro para la suerte suprema, que a mí tanto me recuerda a uno de los grabados de la tauromaquia de Francisco de Goya, una forma de cuadrar, citar y entrar a matar desde la distancia pero con certero y fulminante resultado.
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Mientras que Román pese a haber sido cogido por su penúltimo toro, salió tras pasar por la enfermería convencido de que tenía que cortar la oreja que le hacía falta para acompañar a Ferrera en su salida por la Puerta Grande que ya había alcanzado y lo hizo con el sexto de la tarde, el que por cierto fue el mejor de los seis Adolfos.
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La historia se repite después de 35 años con la salida en hombros de dos toreros en un mano a mano, Ferrera y Román, como lo hicieran hace tres décadas y media Ortega Cano y César Rincón y otra vez el público, el aficionado disfrutó mucho con este nuevo espaldarazo que recibe la tauromaquia justo cuando la temporada se acaba en Europa y se le da un magnífico e importante testigo a las ferias de la América hispana y taurina.
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- Les recordamos que el calendario de los festejos de los TorosenelMundo, lo hallarán aquí en nuestra sección de Calendario
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