En Zacatecas… Entre mansedumbre y debilidad, se celebra el cincuentenario
Crónicas

En Zacatecas… Entre mansedumbre y debilidad, se celebra el cincuentenario

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Crónica de Rafael Rojas

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Zacatecas, México. Plaza de toros Monumental. Primera Corrida de feria. Con un tercio de entrada se lidiaron toros de Boquilla del Carmen.

Román Collado: Silencio y Silencio.

Diego San Román: Oreja y oreja

Isaac Fonseca: Ligera petición y breves palmas.

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Detalles

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Previo a comenzar la corrida se develó una placa conmemorativa al 50 Aniversario de la Plaza de Toros Monumental Zacatecas en el patio de cuadrillas y, después del paseíllo. Se le entregó un reconocimiento al Matador Manolo Arruza  único sobreviviente de la corrida inaugural donde se lidió un encierro de la ganadería de Torrecilla junto con Manolo Martínez y Antonio Lomelí.

También recibió reconocimiento el ganadero Antonio Llaguno Sesma, acompañado de su primo, el también ganadero  José Miguel Llaguno Gurza, ya que su padre, José Antonio Llaguno Ibargüengoitia fue quien mandó el primer encierro a la Monumental y además fue parte de la primera empresa que manejó la plaza.

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El Festejo

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Una corrida de Boquilla del Carmen marcada por la falta de fuerza… y sin fuerza, no puede haber bravura. La mansedumbre y la falta de fuerza de los toros limitaron una tarde en la que los toreros tuvieron que luchar más contra las condiciones del ganado que contra sus propios oponentes, otrora bravos.

Saltaron seis toros bien presentados al ruedo y, salvo contados detalles, como el quite por gaoneras de San Román, la corrida estuvo marcada por un denominador común: la falta de fuerza, la escasa transmisión y una manifiesta mansedumbre aunada a la invalidez. Los toros apenas acudieron al caballo, algunos tuvieron que recibir una vara simulada y varios terminaron refugiándose en tablas. Con senda materia prima, el lucimiento se convirtió en una ligera esperanza.

 

Primero, salió el toro de nombre “No que no”

Muy bien presentado y lindo en hechuras que correspondió a Román Collado. Acudió al caballo con poca entrega y recargó brevemente en un puyazo que apenas pudo servir para medir su verdadera condición o bien desvelar la condición que no tiene…

Desde el capote mostró debilidad y tardanza. Embestía paso a paso, con la cara alta, sin terminar de entregarse y sin transmitir emoción a los tendidos. Collado tuvo que plantear una faena condicionada desde el principio por las escasas posibilidades del burel.  Lo despachó de media estocada atravesada, suficiente para que el animal doblara.

Segundo, Manolo, para Diego San Román salió “Manolo”, otro ejemplar que evidenció desde los primeros compases su falta de fuerza. No recargó en varas y tuvo que recibir una simulación de la misma, muestra de la debilidad que había venido manifestando.

San Román se encontró ante la necesidad de construir una faena prácticamente pase a pase. Sin materia para ligar, fue acortando distancias y buscando provocar en el toro esa casta que parecía llevar escondida.

El torero puso voluntad, intentando extraer lo poco que había. La faena tuvo el mérito de no darse por perdida y, tras su labor, llegó una oreja después de una leve petición.

Tercero, Antonio. para Isaac Fonseca, tampoco quiso saber gran cosa del caballo, fue a dormir el sueño de los justos. No recargó y se le simuló la vara.

Desde la muleta dejó patente su condición: manso, sin entrega y con tendencia a quedarse a medio pase, soltando algún derrote que hacía todavía más complicada la labor.

Fonseca hizo mano de recursos, adornos y voluntad, aunque la faena no terminó de encontrar un hilo conductor ante un animal que ofrecía muy poco. Una estocada algo perpendicular fue suficiente para que doblara.

Hubo una ligera petición de oreja, que no llegó a ser atendida.

Cuarto, Arruza. Nuevamente para Román Collado, Arruza salió con mayor alegría, aunque pronto dejó claro que aquello fue solo pasajero y comenzó a demostrar lo que realmente fue, un toro con nada de casta.

En varas volvió a producirse una simulación del tercio, y en la muleta el toro terminó por confirmar la condición de sus hermanos: parado, sin recorrido y prácticamente sin pase alguno.

Quinto, Torrecilla. Fue otro toro sin fuerza y sin acudir realmente al caballo. En la muleta caminaba más que embestir: paso a paso, pensándoselo antes de arrancar y saliendo suelto después de cada pase.

Las condiciones del animal impidieron cualquier intento de toreo ligado. Hubo dos pases  y esfuerzos constantes por mantener la faena ante un toro que no permitía continuidad.

Conforme avanzó la faena, el animal terminó por rajarse, buscando cada vez más el refugio de las tablas.

Una estocada caída fue suficiente para que doblara. Llegó entonces la oreja, una recompensa que, por lo visto en el ruedo, resultó excesiva.

Sexto, Cincuentenario. Cerró plaza para Isaac Fonseca. No acudió al caballo y confirmó desde el inicio su condición de toro débil, parado y deslucido.

Fonseca intentó buscarle las vueltas y, con paciencia, trató incluso de sacarlo hacia los medios. Fue inútil. El toro tenía claro su destino: las tablas, donde buscó constantemente el refugio.

El torero insistió cuanto pudo, pero no había enemigo para construir faena. Un cuarto de espada fue suficiente para que doblara el débil animal.

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@RafaRojasC

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