En Sevilla… Morante efusiva Puerta del Príncipe
Crónicas

En Sevilla… Morante efusiva Puerta del Príncipe

Sevilla. Corrida con motivo de la festividad del Corpus Christi. Lleno de No hay billetes. Toros de los Hermanos García Jiménez, Olga Jiménez -3º- y Garcigrande -5º y 1º bis-. Mansos, cómodos, varios de la dulce mansedumbre franciscana.

⁠Morante de la Puebla: Oreja y dos orejas.

⁠Juan Ortega: Ovación y silencio.

Pablo Aguado: Ovación y silencio.

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Detalles

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Una vez que concluyó el pase de cuadrillas, se interpretó el Himno Nacional de España.

Fueron ovacionados en el tercio los toreros.

El gran banderillero Iván García se desmontó después de imponer espléndo par al tercero.

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El Festejo

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Morante se las vio en primer lugar con un toro de García Jiménez falto de fuerzas. Fue devuelto y salió un sobrero de Garcigrande. Un toro que mostró complicaciones en los primeros tercios, aunque le pegó un ramillete bueno de verónicas. Buena lidia de Fernando del Toro.

Gracias a la dócil obediencia del astado, con la muleta el sevillano cuajó una faena templada, medida, con muletazos buenos. El inicio con ayudados por alto y las series por el derecho provocaron la entrega de los tendidos. Sacó lo generoso de su mansedumbre el de Garcigrande. Paseó una oreja.

Con el cuarto. El de García Jiménez salió con escasa entrega en los primeros tercios, cosas de la mansedumbre. Buena lidia de Juan José Domínguez.

Cuando parecía que el toro no iba a servir, Morante experto en este tipo de mansedumbre ovejuna, demostró su capacidad. Tras un profundo trincherazo de inicio, el sevillano comenzó a construir una faena tan inesperada como extraordinaria.

La primera serie al natural cambió el ambiente de la plaza. Con la generosidad del toro prendido a la muleta, Morante logró acompañar el lento caminar del astado, ligando los muletazos. Entrega del sevillano.

Consecuencia de la bondad ovejuna del toro, hubo cambios de mano de cartel, molinetes llenos de torería y un dominio absoluto de los tiempos y las distancias. Estocada y la Maestranza, entregada y puesta en pie.

Juan Ortega, frente a un segundo toro sin apenas fuerzas, construyó una labor donde demostró su buen toreo al natural. Una faena con sabor, con detalles cargados de torería. Cambios de manos con gusto y profundidad. La espada le privó de pasear un trofeo.

Ante el quinto, Ortega inició la faena de muleta con la esperanza de aprovechar la movilidad y cierta codicia que mostró el toro en los primeros compases. El toro se vino a menos, Ortega lo intentó por ambos pitones. Una labor sin opciones de remontar el vuelo, fue silenciado.

Pablo Aguado se fue a portagayola emulando a Roca Rey -pareciera que lo tiene hasta en la sopa- en el tercero de la tarde. Lo recibió con un farol de rodillas y varias verónicas. El toro de Olga Jiménez tuvo la generosa mansedumbre dócil que buscan este tipo de toreros, aunque le faltó duración.

Aguado firmó pasajes pulcros con el izquierdo. También cuajó con temple las series por el derecho. El fallo con los aceros redujo el premio a una ovación.

En el sexto, Pablo Aguado brindó el toro a Morante de la Puebla. El sevillano comenzó su labor de rodillas, pero pronto se incorporó para llevar al toro hacia los medios.

La primera tanda, ligada y templada, tuvo buen aire y fue rematada con un molinete. Sin embargo, las limitaciones del animal, su mansedumbre, en esta ocasión no fueron esas embestidas que disfruta tanto Morante como el propio Aguado y se fue esfumando todo.

Consciente de las escasas posibilidades del toro, Aguado optó por abreviar y tomó rápidamente la espada para poner fin a una labor sin opciones de triunfo. Silencio.

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