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Crónica de Antonio Lorca
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Sevilla. Plaza de La Maestranza. 20 de abril. Décimo festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Hnos. García Jiménez-Olga Jiménez -el quinto, devuelto al partirse un pitón, fue sustituido por otro del mismo hierro-, correctos de presentación, mansos en los caballos, muy encastados, nobles, codiciosos y con mucha calidad.
Morante de la Puebla: Oreja y Fue cogido por el cuarto en el primer tercio.
Borja Jiménez: Oreja; vuelta al ruedo; y oreja. Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.
Tomás Rufo: Palmas y silencio.
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Orden de lidia -sorteo-
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Detalles
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- El torero sevillano, muy animoso, cortó una oreja en su primero y fue cogido en el recto en su segunda faena después de una estremecedora voltereta
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El festejo
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Todas las volteretas son desagradables, pero la de Morante hoy en La Maestranza, estremecedora, ha sido especialmente cruel y no solo por la herida inferida, sino porque ha roto la corrida, el ánimo de todos los espectadores, y quién sabe si la temporada del torero sevillano.
Después de cortar una oreja a su primero, sonriente y confiado Morante en todo momento, intentó, capote en mano, parar al cuarto, Clandestino, astado de Hermanos García Jiménez de 512 kilos, muy suelto y distraído de salida.
De repente, se le vino encima, lo arrolló con una fuerza inusitada y lo lanzó con violencia contra el albero; una vez allí, lo buscó con saña, y lo pisoteó en la zona lumbar al tiempo que el torero, con semblante dolorido.
Se llevaba la mano izquierda al glúteo sin que, en principio, brotara sangre y solo aparecía un agujero pequeño en la taleguilla a la altura del muslo izquierdo. Fue trasladado a la enfermería, y el parte médico aclaró que la cogida era más grave de lo que pareció en un principio.
El parte médico firmado por el doctor Octavio Mulet, cirujano jefe de la enfermería de la plaza de la Maestranza de Sevilla, calificaba de “muy grave” la cornada de Morante de la Puebla, que ha sido sometido a una intervención de más de dos horas de duración.
En concreto, según los médicos, se trata de una “herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 centímetros, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal, con perforación en la cara posterior del recto de 1,5 centímetros”.
La intervención, continúa el parte, ha consistido en un lavado de la herida, la reparación de la pared rectal y del aparato esfinteriano, dejando un drenaje aspirativo en el espacio postanal y retrorrectal.
El festejo quedó en un mano a mano; pero la plaza quedó compungida y conmovida. Nadie esperaba que una tarde que se presumía exitosa acabara con Morante en la enfermería.
La verdad es que la corrida comenzó con los mejores augurios. Morante, henchido de ánimo, parecía dispuesto a abrir la Puerta del Príncipe que el mal uso del estoque se lo impidió el pasado jueves.
Con pasmosa seguridad y confianza ofreció una lección magistral con el capote en su primero. Primero, con cuatro chicuelinas, sutilmente dibujadas, junto a las tablas; a continuación, un quite a la verónica en la que hubo un par de carteles de toros, y, finalmente, otro por gaoneras tan suaves como lentas.
El toro de los Hermanos García Jiménez, como después sucedió con toda la corrida, fue manso en el caballo, pero estuvo sobrado de casta, codicia, movilidad y clase, de tal modo que la faena de Morante, cuajada de gracia y pinceladas deslumbrantes, con algunos muletazos espléndidos, careció de la ligazón y la hondura necesarias.
Quizá, faltó poderío, mando y reposo ante un toro que embistió de manera incansable y derrochó fijeza en todos sus movimientos. Faltó la rotundidad que la casta del toro exigía. Mató de una estocada de la que salió con la taleguilla rota y paseó una oreja que supo a poco.
A partir de ahí, el festejo fue alcanzando una alta intensidad y una tensión impropia de las corridas actuales; y la responsabilidad correspondió a unos toros muy encastados, con mucho nervio, que vendieron con nobleza sus vidas y obligaron a dos toreros jóvenes a jugarse el tipo.
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Borja Jiménez ha tenido entreabierta la Puerta del Príncipe y se la ha cerrado porque es un pinchaúvas de libro. Ha estado en figura incuestionable del toreo, pero con una asignatura pendiente que debe aprobar a toda prisa si no quiere perder tan alto título.
Recibió a su primero con verónicas y chicuelinas airosas, brindó la muerte del toro a Morante, y se mostró entregado y solvente ante un oponente vibrante, de embestida incansable y clase exquisita.
Pero lo mató mal de una estocada casi entera desprendida, y todo el premio se redujo a un trofeo. Ante el que mató en sustitución de Morante, otro animal del mismo carácter que sus hermanos, volvió a mostrarse como un torero de recursos, con sentido del temple y de la mejor técnica, pero volvió a fallar con los aceros.
Y le quedaba el tercero. Jiménez salió dispuesto a morir. Lo esperó de rodillas en la puerta de toriles con una ajustada larga cambiada; en esa misma postura veroniqueó con soltura a un toro que embestía con un genio y una codicia fuera de lo común.
Comenzó el último tercio con cuatro pases cambiados por la espalda, con una entrega ilimitada y un pundonor verdaderamente encomiable. Fue la suya una faena vibrante, entre el fuerte carácter del animal y el pundonor del torero.
Una batalla épica en estado puro. Montó la espada y volvió a mostrar su punto flaco, de modo que la Puerta del Príncipe se cerró definitivamente.
Tomás Rufo completaba la terna, y no tuvo su tarde. Lo intentó de todas las maneras posibles, pero sus dos toros exigían una hondura de la que él no hizo gala. Muchos muletazos insípidos ante su primero, ágil, combativo y bravo; y más de lo mismo en el otro, incansable, repetidor, con fijeza y ritmo. El torero se fue con las manos vacías.
El dolor de la tarde se lo llevó el sonriente y animoso Morante, que ahora reposa en la cama de un hospital sevillano.
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- Antonio Lorca, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País
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