En Sevilla… ¡Albricias! Protestas en La Maestranza
Crónicas

En Sevilla… ¡Albricias! Protestas en La Maestranza

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Crónica de Antonio Lorca

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Sevilla. Plaza de La Maestranza. 18 de abril. Octavo festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de no hay billetes. Toros de Victorino Martín, justos de presentación -el quinto, anovillado y protestado por el público-, cumplidores de modo desigual en los caballos, nobles y con clase en la muleta.

Manuel Escribano: Ovación con aviso; silencio con aviso; y silencio.

Borja Jiménez: Petición y vuelta al ruedo con aviso; vuelta al ruedo; y silencio.

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Orden de lidia -sorteo-

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Detalles

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  • Un quinto ‘victorino’ anovillado y escurrido provocó las primeras muestras de desagrado de lo que va de feria; el resto, justo de presencia y con atisbos de clase en la muleta

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El festejo

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Por fin. Ya era hora. Por fin, esta tarde hubo protestas en La Maestranza. Ocurrió a la salida del quinto toro de Victorino Martín, que tardó en pisar el ruedo varios minutos mientras su lidiador, Manuel Escribano, lo esperaba de rodillas en los medios. Pero fue atisbar la puerta de toriles, y muchos espectadores manifestaron su desagrado, y no era para menos.

Mirandés, que así se llamaba, de 539 kilos de peso según la tablilla, era un novillete impresentable para una plaza de primera categoría, esmirriado y escurrido, una sardina vergonzante.

Las protestas fueron a más, arreciaron cuando Escribano se empeñó en banderillearlo, lo que hizo nervioso y sin acierto, y, al final, cuando el animal se comportó con desbordante sosería y sin clase alguna en la muleta.

Protestas, sí, pero el toro se lidió.

¿Responsables?

El ganadero que lo eligió, el empresario que lo compró y la autoridad que lo aprobó. Pero el asunto no pasó a mayores. No es el primer toro impresentable que se lidia en esta feria, pero sí el que ha marcado un punto interesante.

Dicho lo cual, hay que reconocer que el toro de Victorino Martín es distinto, lo que no es una afirmación novedosa, pero conviene no olvidarla. Son animales plagados de matices, comportamientos singulares, cambios bruscos de carácter, que desorientan, desconciertan y llenan de dudas a los espectadores.

Son toros que requieren una tesis, y ese trabajo exige tiempo, que es, justamente, de lo que carecen los que se visten de luces.

No debe de ser nada fácil entender a un victorino; quizá, por eso la corrida de hoy ha durado una eternidad, dos horas y tres cuartos, y ha resultado cansina y pesada.

Cumplidores de forma desigual en varas —el que mejor empujó fue el sexto—, complicados en los capotazos iniciales y sosos en general en el último tercio, aunque con clase en los instantes finales, como fueron los casos del primero, tercero y cuarto; este último fue el mejor del encierro, el de más calidad.

Sea como fuere, la corrida tuvo finalmente un tono decepcionante, porque no apareció ese toro vibrante que salva un festejo, ni los toreros estuvieron, por distintos motivos, a la altura de las circunstancias.

Borja Jiménez se llevó el mejor lote, pudo cortar orejas, pero el mal uso de la espada se lo impidió. A mitad de la faena de muleta a su primero, consiguió levantar el vuelo y dibujar dos tandas y media de buenos naturales que supieron a gloria y pusieron a trabajar a la banda.

Ante el cuarto, el de más clase, Jiménez volvió a lucirse por naturales en otras tres tandas de mucha hondura, pero los pinchazos se llevaron el trofeo.

Y en el último, bien, sin más, ante otro noble pero soso animal que embestía al paso y sin alegría alguna.

Peor suerte tuvo Manuel Escribano. A sus dos últimos toros los recibió de rodillas en los medios de la plaza y salió airoso con sendas largas cambiadas. Toreó a la verónica con celeridad, clavó banderillas solo con corrección, y tardó el acoplarse con el pegajoso primero, al que dibujó ocho naturales largos y hermosos poco antes de entrar a matar.

Dificultoso fue su segundo, que se revolvía en un palmo de terreno y no permitió confianza, y ante el quinto, el novillo protestado, el garbanzo negro de una corrida cárdena y no solo por su color, solo pudo limitarse a matarlo entre los pitos del respetable.

Decepcionante victorinada.

Es una vergüenza que se lidiara ese Mirandés que nunca debió ser embarcado para esta plaza y mucho menos aprobado por el equipo presidencial. Y un mano a mano sin sentido. No hubo competencia alguna y se le restó una oportunidad a otro torero.

Lo mejor de la tarde, el cartel de no hay billetes, el cuarto en lo que va de feria.

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  • Antonio Lorca, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País 

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