Santander. Quinto festejo de la Feria de Santiago 2026. Cartel de No hay billetes. Toros de La Ventana del Puerto -1º, 2º y 3º- y Puerto de San Lorenzo 4º, 5º y 6º- correctos de presentación y mansos, de acuerdo a las exigencias del director de lidia. El 3º ha estado bien.
Morante de la Puebla: Silencio y ovación tras aviso.
Juan Ortega: Oreja y silencio
Víctor Hernández: Oreja tras aviso y silencio tras aviso
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Detalles
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Tras finalizar el paseíllo sonó el himno nacional.
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El Festejo
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La plaza de toros de Santander colgó este miércoles el cartel de No hay billetes para una de las corridas más esperadas del ciclo, en la que hicieron el paseíllo Morante de la Puebla, Juan Ortega y Víctor Hernández, con toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto. Una tarde que estuvo condicionada por el juego del ganado y donde Ortega y Hernández pasearon un trofeo.
Morante de la Puebla abrió la tarde frente a un toro de La Ventana del Puerto al que recibió con varias verónicas aunque no pasó mucho. No tuvo mucha fuerza el animal, pero son los toros que selecciona. El de la Puebla con la muleta buscó resguardarse del viento en los terrenos de toriles para tratar de ordenar una embestida descompuesta y sin fuerza. El toro apenas ofreció opciones para el lucimiento, aunque consiguió arrancarle un par de series. Las escasas posibilidades del toro impidieron que la faena alcanzara buen nivel.
El cuarto lo recibió Morante con un galleo por chicuelinas que levantó los primeros olés de la tarde. Ya en la muleta, el sevillano se encontró con un animal de noble y manejable por el pitón derecho, el otro tipo de mansedumbre que más le gusta. Comenzó la faena por estatuarios, dejando una declaración de intenciones cargada de aplomo, ajuste y una exposición constante. Dejó su sello de buen toreo con series de gran calado por el derecho. Estocada trasera, petición de oreja mayoritaria. El presidente desoyó la petición. Todo quedó en una ovación, no fue invitado a dar la vuelta.
El segundo de la tarde tuvo más movilidad. Ortega dejó detalles en el recibo capotero. El de La Ventana del Puerto fue ganando ritmo conforme Juan Ortega consiguió llevarlo sometido en la muleta. El sevillano construyó una faena de exquisito gusto, dejando sus pasajes de mayor calado sobre la mano derecha, donde el temple y la suavidad marcaron cada muletazo. El epílogo, muy personal, llegó rematando los muletazos con la muleta por la espalda antes de cerrar por alto y al natural, rubricando una obra de gran sello artístico. Estocada y petición mayoritaria del público, el presidente concedió una oreja.
Ortega se las vio en quinto lugar con un toro falto de fuerza y de poder y sin transmisión. El sevillano trató de poner el temple y la suavidad que requería el animal, buscando siempre el toreo de mayor pureza, pero la absoluta falta de fondo del de Puerto de San Lorenzo impidió que el trasteo alcanzara vuelo. Su labor condicionada de principio a fin por la sosería del astado. Mató de una estocada baja y fue silenciado.
Víctor Hernández cuajó una gran actuación en el tercero, un toro de La Ventana del Puerto con clase y al que Hernández lo recibió a pies juntos con el capote con gran firmeza. Firmó un vistoso quite por ajustadas saltilleras. El madrileño inició la faena por estatuarios, dejando claro desde el primer muletazo que apostaba por el triunfo. Con temple y un concepto muy puro, llevó siempre la embestida por abajo, cuajando especialmente al natural una serie de enorme profundidad.
El toro terminó acusando el esfuerzo y buscó las tablas en el tramo final, nunca perdió la calidad de sus embestidas. Un vibrante epílogo por luquesinas puso el broche a una faena de gran dimensión.
Hernández se confió y fue sorprendido por el toro, que le propinó una fuerte voltereta. Se repuso para dejar una estocada al primer intento, necesitando después un golpe de descabello. El palco únicamente concedió una oreja, un premio que supo a poco para una actuación de mucho mayor peso.
El sexto tampoco consiguió cambiar el rumbo de la corrida. El toro de Puerto de San Lorenzo fue muy deslucido, sin raza y sin apenas transmisión. Hernández mantuvo en todo momento una actitud entregada, intentando construir una faena pero fue imposible. El madrileño rubricó su actuación con una estocada al segundo intento.
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