Santander. Octavo festejo de la Feria de Santiago 2026. Corrida de la Beneficencia. Cartel de No hay billetes. Toros de Juan Pedro Domecq, chicos, mansos y de juego variado.
Morante de la Puebla: Ovación y silencio; y oreja.
Marco Pérez,: Oreja y herido.
Aaron Palacio: Ovación y oreja.
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Detalles
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Tras finalizar el paseíllo sonó el himno nacional.
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Parte médico de Marco Pérez
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Durante la lidia del 2º toro, ha sido ingresado en esta enfermería el torero Marco Pérez con una herida profunda en el muslo derecho. Se realiza anestesia general balanceada y se explora la herida, que presenta dos trayectorias, superior hacia la cadera e inferior hasta tercio medio del muslo, afectando al músculo aductor y llegando hasta la zona del recto anterior del muslo /cuádriceps. Se practica lavado, hemostasia, se administra antibiótico (Augmentine) y se colocan drenajes. El cierre se realiza por planos tras dejar un drenaje. Pronóstico: Reservado. Le impiden continuar la lidia.
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El Festejo
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Se colgó el cartel de «No hay billetes» en la última del abono de la Feria de Santander 2026, tarde en la que Morante de la Puebla hizo una faena con sus habituales animalillos dóciles y generosos en su caminar; Marco Pérez continúa en el nivel de novillero por lo que terminó con una cornada en el muslo derecho y Aarón Palacio firmó una actuación de gran dimensión, premiada también con un solo trofeo pese a la rotunda petición del segundo, con una corrida de Juan Pedro Domecq, mansa, dócil, con unas carillas como si fueran borreguillos dormilones.
Morante hizo verónicas correctas al mansillo y obediente jabonero de Juan Pedro Domecq, sólo basta ver las cara de sus toros, que parecían más las carillas de unos borreguillos. el caminar dócil, sin complicaciones le permitió a Morante un quite correcto por chicuelinas. El animal embistió con un suspiro de casta derrotando por el pitón izquierdo. Morante, no tuvo más que quedarse en el sitio. Un pinchazo previo a una media estocada hizo escuchar una ovación.
El cuarto de la tarde apenas ofreció opciones. Muy vacío por dentro, se fue apagando desde los primeros compases, convirtiendo la faena de Morante de la Puebla en un intento ya que no expone más allá de las circunstancias. Abrevió con estocada habilidosa.
Morante de la Puebla tuvo que enfrentar al sexto de la tarde, toro que le hubiera tocado lidiar a Marco Pérez herido en su primero. Un animalillo un poco más grande que los de su lote, pero con una obediencia demasiada dulcificada, Morante tuvo el elemento para hacer ese toreo sin complicaciones. Recibió al sexto con tres faroles ejecutados a pies juntos. Luego llegó un galleo por chicuelinas. Con la faena de muleta sentado en el estribo, inició el toro de Juan Pedro Domecq se lo permitía por esa bondad en lugar de bravura. Faena de esas que se llaman bonitas pero que al final dejan ese deseo y un vacío en el espíritu de haberlo visto torear un toro bravo y encastado, lo que nunca sucederá. Solo el acero privó al sevillano de un triunfo incontestable. Ovación.
Marco Pérez se fue a la puerta de toriles para recibir a portagayola al segundo de la tarde. Tras una larga en el tercio, el salmantino todavía con el pensamiento de novillero, inició la faena de muleta de rodillas, por estatuarios, en una declaración de intenciones que levantó al público. El toro exigía técnica y colocación. Marco Pérez respondió con firmeza, construyendo pasajes con emoción sobre la mano derecha, ligando las series de mayor profundidad. Se tiró a matar quedando prendido por el pitón y resultando herido en el muslo derecho. El público conmovido pidió las dos orejas. El presidente en su sitio sin ningún ápice de sensiblería, sólo concedió una lo que resultó lo correcto.
Aarón Palacio recibió al tercero por faroles, el de Juan Pedro Domecq, no tuvo clase y entrega. El maño nunca renunció al buen toreo. Con paciencia y buen concepto trató de conducir una embestida deslucida, encontrando algunos naturales de notable calidad que dejaron entrever lo que pudo haber sido con un toro de mayor condición. La faena, sin embargo, nunca terminó de romper por la escasa colaboración del astado. Desacertado con la espada.
En el quinto Aarón Palacio se fue a la puerta de chiqueros para recibir al quinto a portagayola, donde el toro casi lo arrolla y tuvo que echar el cuerpo a tierra. Firmó un recibo a la verónica sensacional, ralentizando la embestida. Galleo por chicuelinas y un ajustado quite por gaoneras. En la muleta Palacio cuajó al de Juanpedro, un toro con calidad. Siempre templado, muy asentado, fue construyendo una faena de gran calado. Lo mejor llegó por el pitón derecho. Muy templado toro. El epílogo, por estatuarios y con ajustados muletazos hacia dentro. La plaza entregada. Estocada y oreja, con fuerte petición de la segunda. El presidente volvió a negar el segundo trofeo, provocando una sonora bronca al palco. Palacio, obligado por la insistencia de los tendidos, dio dos vueltas al ruedo tras una de las actuaciones más importantes de la feria.
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Galería fotográfica
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