Sanlúcar de Barrameda – Coso del Pino. Toros de la ganadería de Fermín Bohórquez, bien presentados, de buen juego, con clase, ritmo y calidad en sus embestidas. Toros de nota sobresaliendo especialmente el 5º, Nº 92 Carrizosa, premiado con la vuelta al ruedo.
Andy Cartagena: Dos orejas y oreja tras fuerte petición.
Diego Ventura: Oreja y dos orejas y rabo.
Leonardo: Ovación y ovación tras dos avisos.
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El Coso del Pino ha sido escenario esta tarde de la Corrida de la Primavera, que a la postre fue un gran espectáculo del Arte del Toreo a Caballo. Extraordinaria tarde de rejoneo en Sanlúcar de Barrameda. La corrida entre otras cosas destacó por la excelente calidad de los toros de Fermín Bohórquez, sobresaliendo especialmente el quinto, Carrizosa, premiado con la vuelta al ruedo. Ventura firmó una actuación memorable, cortando dos orejas y el rabo tras una exhibición de rejoneo sobresaliente a ese quinto. Al otro, le cortó una oreja tras una nueva lección de rejoneo.
Por su parte, Cartagena también brilló con dos faenas de gran nivel, marcadas por su madurez y personalidad, conquistando al público. Tres orejas en total después de despachar a su par. Leonardo, aunque realizó un rejoneo notable ante un buen lote, no logró salir por la Puerta Grande debido a su fallo con el rejón final, siendo aun así reconocido con cálidas ovaciones por la afición.
El primero fue para Andy Cartagena, de nombre Otorgado, el astado salió con gran viveza y prontitud, buscando con clase al caballo Felino, que supo fijarlo tras galopar con temple a la grupa. Desde el inicio, Andy Cartagena mostró dominio y sensibilidad, midiendo con acierto las distancias para encelar al toro con gusto y torería. Colocó dos rejones de castigo que permitieron al animal mantener un buen tranco de cara al tercio de banderillas.
En esta fase, destacó la labor con Cartago, que se mostró enfrontilado y recto, llegando con los pechos y atacando con pureza. Ejecutó dos banderillas a una mano de notable precisión y belleza. A continuación, con Baena, citó al toro mediante la suerte del zigzag, aportando mayor lucimiento al tercio.
Posteriormente, Pintas tomó protagonismo en las banderillas cortas, mostrando una personalidad singular que cautivó al público en un carrusel de ejecuciones impecables. El rejoneador adornó su actuación con el recurso del teléfono, logrando una conexión plena con los tendidos.
Remató la faena con un par a dos manos, recibiendo al toro en corto y dejándolo muy reunido, todo ello ante un ejemplar con fondo que colaboró hasta el final. Cerró su actuación con un certero rejón, sin necesidad de puntilla, rubricando así una labor de alto nivel que fue premiada con dos orejas.
En cuarto sitio salió Utrero, para Andy Cartagena. El rejoneador lo recibió con criterio y decisión a lomos de Importante, dejando un único rejón de castigo ante un toro que mostró entrega y buen ritmo desde el inicio. Para el tercio de banderillas, Cartagena sacó a Herodes, con el que comenzó una lidia muy torera y templada.
A continuación, montando a Copo de Nieve, elevó notablemente el nivel de la faena, demostrando gran serenidad y un toreo profundamente enrazado. Ejecutó dos sensacionales quiebros al revés –inversos-realizados a muy escasa distancia del toro, así como dos pares al violín que desató el entusiasmo del público, que respondió con una ovación cerrada y la plaza puesta en pie.
El turno fue después para Bandolero, que se lució al alzarse de manos con espectacularidad, aportando vistosidad y emoción al conjunto de la actuación. Cartagena colocó otro par al violín, manteniendo el alto nivel de un tercio de banderillas brillante.
Ya en la recta final, con Pintas, protagonizó un nuevo carrusel de banderillas cortas, ejecutadas con ritmo y gran reunión, poniendo el broche a una faena de notable calidad. Sin embargo, en el momento de la suerte suprema, un pinchazo sin soltar precedió a un efectivo rejón de muerte con el que dio fin a la lidia de un toro bravo que mantuvo su entrega hasta el final. Oreja con fuerte petición de dos.
Quemado, el segundo del festejo, fue lidiado por Diego Ventura. El rejoneador lo recibió a lomos de Querido, dejando un rejón de castigo ejecutado de frente y colocado en lo alto, en un inicio vibrante que ya transmitió emoción al público. Desde ese primer momento, Ventura se mostró muy comprometido ante un toro bravo con teclas, al que decidió mantener íntegro para aprovechar su entrega y movilidad.
Con gran dominio de los terrenos y un temple exquisito, el maestro imprimió a la lidia un sello clásico y enrazado. En el tercio de banderillas, destacó la actuación con Quirico, que desplegó elegancia y valor frente a un astado con gran ritmo y transmisión, firmando un pasaje que encendió los tendidos. A continuación, montando a Oronegro, Ventura ejecutó una brillante labor al galopar de costado, batir al pitón contrario y clavar con precisión y torería, en una demostración de gran pureza.
Todo ello ante un toro de calidad, al que supo imponerse con firmeza y autenticidad. Cerró su actuación con Brillante, protagonizando un vistoso carrusel de banderillas cortas al violín que puso el broche a una faena de alto nivel. Sin embargo, el uso del rejón de muerte, seguido de dos descabellos, redujo el premio a una oreja, cuando por méritos artísticos la labor fue merecedora de un mayor reconocimiento.
El quinto fue Carrizosa, fue para Diego Ventura, quien firmó una actuación de carácter histórico. De inicio, montando a Castizo, dejó un rejón de castigo y fijó al toro con temple a la grupa, mostrando ya un dominio rotundo en el tercio de salida. A continuación, con Nómada, protagonizó uno de los momentos más impactantes de la faena, galopando de costado y adentrándose en terrenos mínimos, prácticamente sin espacio para la salida, en una demostración de valor y maestría.
Ejecutó banderillas a una mano, de frente, llevando los pechos del caballo hasta los pitones del toro, en un alarde de pureza. El clímax llegó con Sueño, en una intervención que rozó lo extraordinario. Las banderillas al quiebro, realizadas a escasa distancia -apenas un metro-, destacaron por su belleza y perfección en la ejecución, dejando una obra sin parangón.
Posteriormente, con Bronce, elevó aún más la intensidad del espectáculo al clavar un par sin cabezal que desató la locura en los tendidos. Con el mismo caballo, completó un vibrante carrusel de banderillas cortas al violín y culminó con un ramillete de rosas colocado en lo alto, en un gesto de gran torería. La faena se cerró con un rejonazo fulminante que provocó el delirio del público, otorgándole las dos orejas y el rabo. Una actuación memorable que confirmó el carácter histórico de Diego Ventura.
Repetidoro, -fue el tercero del festejo-, primero de Leonardo Hernández. El astado salió con menor brío que sus dos hermanos anteriores, circunstancia que el rejoneador supo administrar desde el inicio, dejando un único rejón de castigo colocado en lo alto.
A lomos de Campillo, lo fijó con temple, sentando las bases de una lidia medida y creciente. En el tercio de banderillas, destacó la actuación con Enamorado, que hizo honor a su nombre al conquistar al público con una combinación de elegancia y valor digna de mención.
Leonardo alternó pasajes de toreo con y sin toro, fusionando clasicismo y doma con gran naturalidad. Buscó la reunión en los medios, citando de frente al pitón de fuera para salir con limpieza por el de dentro, en una muestra de técnica y pureza.
La faena fue creciendo en intensidad y profundidad, encontrando en el toro un buen fondo que favoreció el lucimiento del extremeño. El epílogo llegó con Opus, con el que cerró una actuación notable, siempre a más. Las banderillas cortas, ejecutadas de frente y sin ventajas, alcanzaron gran altura por su precisión y reunión. Sin embargo, pese a dejar un rejón de muerte efectivo, las dificultades con el descabello impidieron la obtención de trofeos, quedando todo en una ovación reconocida por el público.
Selectivo cerró plaza y fue lidiado por Leonardo Hernández. El astado salió con gran viveza, siendo recibido a lomos de Despacito, con el que el rejoneador dejó dos rejones de castigo, asentando desde el inicio una lidia firme.
En el tercio de banderillas, montando a Moreira, inició una actuación de alto nivel, logrando reuniones en los medios y dejando los palos con gran precisión y pureza. A continuación, con Victorino, dio continuidad a la faena con una conjunción perfecta de alegría y ortodoxia, firmando un pasaje de notable calidad. Leonardo supo imponerse con un rejoneo bello y templado ante un toro que embistió con clase y continuidad, ofreciendo opciones de lucimiento.
Ya en la recta final, con Opus, destacó en las banderillas cortas, ejecutadas con gran precisión y armonía, elevando el tono de la faena. El momento culminante llegó con un par a dos manos en galope, resuelto de poder a poder y de ejecución verdaderamente sensacional. Sin embargo, los inoportunos pinchazos en la suerte suprema le privaron de un triunfo mayor, quedando finalmente su labor reconocida con una ovación tras dos avisos.
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Galería Eva Morales
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