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Crónica de Pierrick Charmasson
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Arènes du Palio. Istres. Plein. Soleil et canicule. 6 toros de Jandilla. Caballería de Bonijol, 7 encuentros. El toro Sibarito, número 59, nacido en octubre 2021, negro de 480 kilos, cuarto del festejo, indultado. Vuelta al primer toro Atunero, número 76, nacido en septiembre 2021, negro, de 520 kiloss
Sebastien Castella: Dos orejas y dos orejas con rabo simbólicos.
Diego San Román: Dos orejas con aviso y silencio con aviso.
Marco Pérez: Oreja con aviso y silencio con aviso.
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Detalles
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Président : Mr Abid
Saludaron los banderilleros José Chacón y Alberto Zayas en el primer toro; Rafael Gonzalez y Hugo Stievenart en el tercero; y Rafael Viotti en el cuarto.
Marco Perez a brindó a su segundo toro a Bernard Carbuccia.
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El Festejo
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Bajo el calor aún sofocante a orillas del Étang de Berre, le Arènes du Palio estaba abarrotada cuando sonaron los clarines para la segunda corrida de toros de la Feria de Istres. Una gran afluencia de público para una tarde del imperial Sébastien Castella, que reinó con maestría en sus faenas.
Porque en efecto eso era: el maestro y sus estudiantes.
Seis toros de Jandilla, correctamente presentados, cómodos de armaduras y que en su mayoría ofrecieron juego. De mayor presencia en el caballo primero, tercero y cuarto. Todos fueron, en general, manejables. Peligroso y con genio, el quinto. Noble, bravo y encastado el primero y cuarto, este último, superior e indultado. El resto de los toros eran nobles, pero limitados en transmisión.
Desde el inicio de la contienda, el de Béziers impuso su ley. Frente a un buen toro noble y completo, ofreció una actuación de extraña intensidad y profundidad, sin jamás sufrir el más mínimo enganchón. Una obra construida con autoridad, ligando cada pase con inteligencia y añadiendo profundidad en cada momento. En manos de un torero como él, el buen toro de Jandilla alcanzó una dimensión superior. Castella, dominó al animal de principio a fin antes de concluir con una estocada luminosa. Se le otorgaron dos orejas indiscutibles por una actuación verdaderamente sobresaliente.
Ante su segundo adversario, iba subiendo el nivel alcanzado. Sébastien Castella tocó la esencia misma de su tauromaquia. Reconoció de inmediato el potencial del toro que supo darle importancia con la precisión de un orfebre. Citó desde lejos y comenzó a dictar el ritmo con el que iba a construir su faena, de intensidad creciente, dominando de principio a fin. Una demostración de arte taurino. Derecha, izquierda, con naturalidad.
En un Palio que Castella tenía subyugado, toreando con soltura, extrayendo toda la sustancia del toro que finalmente reveló su excepcional condición, perdonado bajo presión, o mejor dicho, bajo la insistencia del propio torero. El pañuelo naranja, recibido con reacciones encontradas, selló un momento memorable. Máximos trofeos. Pero más allá de las estadísticas, Sébastien Castella demostró por qué sigue siendo uno de los toreros más importantes del siglo XXI.
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Junto a él, Diego San Román, sin demérito de su actuación, por algo las comparaciones son odiosas, ya que esta tarde no le resultó benéfica. Con voluntad y compromiso, realizó una primera faena de entrega, iniciando de rodillas, con un toro noble pero poca transmisión. Su entrega y determinación finalmente convencieron, permitiéndole cortar dos orejas tras una estocada efectiva, la segunda se percibió muy generosa.
El contraste fue aún más marcado con su segundo, un toro más complejo y exigente, de fuerte casta. El mexicano, con enjundia, se vio superado en momentos y nunca logró comprender al animal por completo. Las dificultades con la espada, le llevaron a un final tardío tras una serie de descabellos, empañaron su actuación.
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Por su parte, Marco Pérez prosigue su ascenso con seriedad y es una promesa palpable. Ante un primer toro noble pero de corta duración, demostró entrega, técnica y sentido de la estructura, especialmente en los primeras series. Sin embargo, su actuación perdió intensidad a partir de entonces, encontrando una respuesta más mesurada del público. Una oreja, otorgada tras una buena estocada, reconoció su esfuerzo.
Con el sexto toro, con menor fuerza y transmisión, el joven torero de Salamanca intentó presentar su estilo con delicadeza y temple. Logró realizar algunos pases de zurda de calidad, pero la actuación en su conjunto no llegó a despegar del todo. Agobiado por las estocadas fallidas, finalizó en silencio.
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Las Galerías
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