Burgos. Tercer festejo de la Feria de San Pedro y San Pablo 2026. Lleno de No hay billetes. Toros de Juan Pedro Domecq, pequeños, mansos, inadmisiblemente indultado el quinto de nombre Zarandador, número 23, por su obediencia y docilidad.
Morante de la Puebla: Bronca y oreja.
Emilio de Justo: Oreja y dos orejas y rabo simbólicos.
Roberto Martín Jarocho: Silencio y ovación.
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El Festejo
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Durante la década de los años 90 del siglo pasado, el padre del ganadero de este festejo, Juan Pedro Domecq denominó a su invención, el toro artista, que no era otra cosa que un animalillo mansillo, dócil, obediente como una linda ovejita de caminar borreguno. Devaluado en su casta, así como en su fundamental bravura.
Y así nació:
¡El toro menoscabado!
Así mientras el ganadero insistía en llamarle toro artista a su invención, muchos aficionados comenzaron a conocerle como el toro bobalicón. Sí un animalito que era incapaz de pelear en los engaños, sólo obedecer. Su casta y sobretodo la bravura empequeñecidas a situación alarmante había conseguido a través de los empadres inventar a un toro indigno, devaluado, que abofeteaba, pisoteaba y denigraba a la grandeza del toro bravo, encastado e íntegro.
Así se inventaron también con este animalillo menoscabado las faenas bonitas, que al final acabaron aburriendo al público por la evidente falta de verdad en el redondel, esto es, por la falta del toro bravo, encastado e íntegro.
Esto le hizo mucho daño, conforme avanzaron los años, a las desbravadas ganaderías comerciales y por eso desde hace unos 15 años comenzaron en sus dehesas aparecer toros con genio que no es más que la mansedumbre violenta que se va directo del cuerpo del torero y lo ataca con saña inaudita.
Ante esta situación, lo que en este festejo se indultó, ha sido el animalillo borreguno, que fue bien toreado por Emilio de Justo. Muchos aficionados protestaron porque no cumplió con la cabalgadura como un toro bravo.
Sí, así fue. Llegó protestó pero no peleó. Y en la faena su docilidad inaudita iba acompañada del resquicio de casta que les han dejado para que puedan convertir esa docilidad en un generoso y sumiso caminar. Que se distinguió la faena por algunos trazos al natural, eso fue cierto.
Sin embargo, quien debió haber rubricado la faena y no haberse cobijado con el indulto fue, Emilio de Justo, porque su triunfo lo traspasó al ganadero; y así se premió la mansedumbre, docilidad, obediencia que ofenden a la grandeza que da nombre a la festa: bravura.
El público desbordado de felicidad exigió el indulto y el Presidente que debió haber evitado ser parte de la devaluación de la fiesta al no autorizarlo y pedirle a Emilio pusiera punto y final con la espada, acabó claudicando.
Con su primero, un toro manso que de inmediato hizo notar que las tablas eran su inmejorable refugio. Pudo extraerle a este manso reticente alguna series y el público que ya mostraba su entusiasmo desbordado, pidió una oreja que el generoso Presidente concedió.
Morante fue abroncado y con toda razón, porque no quiso saber nada de su primero, que si bien dio dos vueltas de campana, tenía con la supuesta sabiduría que le atribuyen, haber conseguido hallar la faena correcto. Abrevió y eso fue otra cosa.
Para que saliera su segundo hubo que esperar unos 20 minutos, para que se rastreara el redondel a petición del vendedor de cigarros: cigarrero. Siempre anda inventado todo para que la gente diluya sus evidentes errores. Algo dijo con la capa al saludar a su animalito con delantales y un recorte. Y después una faena que no dijo mucho, a pesar de que el mansillo era obediente a la muleta. Al final, el Presidente de los toreros le dio una oreja, que en la realidad dice tan poco.
Y el joven entusiasta, Roberto Martín Jarocho, una joven promesa de la que se avizora un futuro inmediato importante, se le debe cuidar. Pero esto de cuidar se debe entender con enfrentarlo con la luminosa verdad del toro bravo, encastado e íntegro, no con los menoscabados animalillos bobitos que tanto daño han hecho a la tauromaquia. Desde novillero ha demostrado que posee argumentos y eso se vio en este festejo con dos toros manso que valieron poco y con los que se vio esforzado.
Sin toro bravo, encastado e íntegro, la tauromaquia no puede tener grandeza.
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Galería fotográfica
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