Sábado 2 de mayo de 2026, séptima corrida de la Feria de San Marcos, Plaza de toros Monumental entrada casi lleno. Se lidiaron toros de Los Encinos desiguales en presentación, complicados, débiles y sosos. Cuarto manejable, palmas en el arrastre, segundo y quinto pitados.
Fermín Espinosa Armillita IV: Al tercio y al tercio
David de Miranda: Palmas y silencio
Luis David Adame: División de opiniones y vuelta al ruedo.
Detalles:
El subalterno Jonathan Prado y el aspirante Alberto Cervantes se desmonteraron en el tercio luego de buenas actuaciones.
El picador Guillermo Cobos fue aplaudido después de aguantar bien la vara en el sexto del festejo _______________________________________
Se pensaban, se deseaban, querían encontrarse, fundirse en el calor de una tarde abrileña. La cita estaba pactada sábado cinco de la tarde, ella se puso sus mejores galas para verse guapa, regia, imponente. Los minutos trascurrieron, la expectativa se convirtió en incertidumbre, pero al paso del tiempo la sonrisa se le borró, se quedó en un casi susurrado, un pudimos ser… y no fue.
La bella Monumental se quedó esperando la bravura, el toro, la tarde soñada, el lleno imponente, todo listo para el amor que no llegó. Y aquella intención de que fuese un idilio y perdurara siempre al llegar la noche, como lo cantara el gran Willie Colón, se quedó solo en la mente, en el desencuentro, en la imaginación.
Y es que la señora de las cinco décadas sabe lo que fue amar, pero en otros tiempos. Hoy por más carmesí en los labios, en el ruedo y en todo, no logran conquistarla.
Un consejo querida mía: Despíntate ese maquillaje, córrelo sin importar que se manche tu rostro al fin y al cabo eres bella en esencia, en naturalidad, vuelve a ser tú con toda la majestuosidad que te caracteriza.
La tarde calurosa estaba lista para que se viviera una de las tardes más esperadas del serial sanmarqueño pero el toro, el rey verdadero se ausentó, aunado a que los tres toreros no encontraron el camino de la lucha, el dominar para imponerse, el dejar de querer torear bonito a toros difíciles para entonces hacer lo que pocos con ese tipo de animales: Lidiar.
Luis David Adame y Hocicudo casi lo consiguen, pero no. El sexto del festejo uno bien presentado de Los Encinos permitió al joven torero pasárselo por largas de rodillas, un intento en el centro del ruedo, una más ahí mismo y otra al hilo de las tablas. El empujó en varas y se llevó las palmas el picador Guillermo Cobos.
Llegaron las zapopinas vistosas y la media invertida que calaron fuerte en el tendido. La gente quería fiesta y antes siquiera que tomara las banderillas y la muleta ya le estaban gritando el grito consagratorio de torero, torero. Cubrió de manera eficaz y vistosa el segundo tercio, un cuarteo por cada lado, preparó la ejecución y dejó buenos pares, luego el tercero un par al violín de dentro hacia afuera de manera arriesgada. Las palmas se escucharon fuerte y nos hizo pensar por un momento que el romance se estaba dando, pero llegó el último tercio y lo que se pensaba sería la primera tarde que le veíamos en plan grande al joven Adame, la esperanza se esfumó.
Comenzó doblándose toreramente con el astado, sacándole hacia los medios, los primeros trazos por derecha sin acomodarse, de acecho era ese pitón pendiente de él. Por izquierda los enganchones y ni uno un pase de verdad, la gente insistiendo en que la banda tocara la de aquí y esta vez no les complacieron. El toro levantaba los pitones de recia forma y el torero quería llevarlo a media altura, pero sin plantarse firme ni tomar el poder, sí muy difícil el toro, pero la verdadera lidia nunca llegó.
Insistió Adame en hacerlo pasar, tanto que hasta nalgadas le vimos darle y no es la primera vez que lo hace, en su anterior tarde también realizó ese gesto de mal gusto. Terminó con su vida dejando una estocada entera ligeramente caída, el puntillero se lo levantó y hasta que por fin el astado se entregó. Luis David se fue a los medios, agradeciendo al cielo como si el idilio estuviera consumado, se lo vendió a la gente y esta se lo compró. Hubo petición y esta vez el juez de plaza César Pastor permaneció sentado y aguantó la protesta, pero por fin hizo valer las orejas en esta plaza y no se la entregó. Se sabe que la primera oreja la da el público, pero ya es mucha charada en esta plaza, al público también hay que educarlo, así que por hoy mi reconocimiento y aplauso de pie al juez.
La gente en primera instancia invitó al torero a saludar al tercio y luego a dar la vuelta al ruedo.
Guantero fue un justo de presencia que hizo tercero de la tarde para Luis David Adame, un toro que salió dando vueltas al ruedo sin rematar en los burladeros. Verónicas y revolera, en los caballos apenas si empuja y a doblar las patas, muy poca fuerza.
El torero quitó bellamente por fregolinas que le fueron muy coreadas. Cubrió correcto y certero el segundo tercio llevándose el reconocimiento del público. De muleta se lo pasó en cambiados por la espalda y remates de pecho, por derecha metía la cara, pero al final del muletazo levantaba la cara. Adame esta vez se vio más sereno, consiguiendo algunos pases rematados por alto.
El izquierdo no era el lado bueno, la debilidad se apoderó nuevamente, al final le rebrincaba y poco a poco bajó la intensidad del momento. Siguió insistiendo por ese lado, pero ya sin conectar. Terminó con muletazos de vuelta entera, en general una labor intermitente. Fallas con la espada hasta escuchar un aviso y retirarse entre una división de opiniones.
Filosofo fue el primero de la tarde que correspondió para Fermín Espinosa Armillita IV, un animal bien presentado astifino y cárdeno que salió sin definirse por ningún lado. Las verónicas y la media por parte del hidrocálido.
Poquita vara y a doblar las patas delanteras. Luego Armillita IV quitó por caleserinas ajustadas y revolera bonita. En banderillas destacó Jonathan Prado y el aspirante Alberto Cervantes que saludaron en el tercio.
De muleta el torero se lo pasó a media altura por derecha, débil, soso y sin mucha transmisión, el joven con deseo se quedó en la cara del toro sacándole los pocos pases que tenía. Probó por naturales y la misma condición, hubo que hurtarle los muletazos hasta meterlo a su tela y rematar con un bello desdén y el olé potente se escuchó. Terminó con manoletinas muy cercanas a su cuerpo, luego dejó una estocada defectuosa calando al toro, y una más en buen sitio para que la gente al final lo invitara a saludar en el tercio.
El cuarto del festejo se llamó Pastelero otro justo, las verónicas y la media por parte de Armillita IV. En varas el astado empujó con fuerza, fue atento en banderillas y movimientos. Fermín le brindó a Enrique Ponce, ahora en su nueva etapa de apoderado.
Con la muleta hubo muchas pases, detalles y desdenes y en honor a la verdad también muchos pasos entre los mismos. Lo pasaba por su tela, sí, pero sin esa transmisión al tendido, eso que te robe el aliento y que efusivamente te haga cantar el olé. Por izquierda misma condición, sí haciendo que pase, pero sin esa emotividad que roba corazones, ni ese poder que te hace parar el aliento, sin esa afirmación del yo aquí mando, fue más un ni te doy ni me das.
Toreo vertical eso no hay que negarlo, pero sin garra, sin quiero, deseo y necesito. La gente muy distraída en los tendidos y en los gritones. Mejor se fue por la espada dejando media caída para irse entre leves palmas.
A David de Miranda prácticamente no lo vimos, Chinito fue el primero de su lote, segundo del festejo, verónicas y revolera. Con el piquero apenas empujó y a doblar las patas, la debilidad a flor de piel, qué pena traer a uno de los toreros más galardonados de los últimos tiempos en España y que se tope con la poca fuerza y la sosería.
Empezó su labor muleteril terso y por bajo, pero el toro doblaba y deslucía el momento, desde las alturas los reclamos al ganadero. Por izquierda sosote, el torero lo intentaba, pero qué pena que se encontrara con eso.
Él arrancándole a cuenta gotas los muletazos a pesar de la situación, se tiró a matar y dejó tres cuartos de acero en buen sitio para irse entre palmas.
Oye poco, así se llampo el quinto del festejo y segundo del lote de De Miranda, de principio alegre salida al redondel, revolviéndose pronto, verónicas sin mucha historia. En el caballo huyó en un primer intento, luego lo volvió a poner en suerte y esta vez empujó arriba.
Desde las banderillas comenzó a puntear, condición que permaneció hasta el último tercio. De Miranda inició por bajo, con doblones toreros para cerrar por alto. Por derecha seguía apuntando los pitones al cielo, nos preguntábamos:
¿Qué hará un torero de experiencia con este tipo de toro?
La respuesta nos dejó en mutis: nada.
No le vimos lidiar, si no perdiendo la muleta, intentando por bajo, peleando con el viento que le flameaba la muleta. Mató de entera caída y trasera para irse en silencio.