En Aguascalientes… Abanico de lunares
Crónicas

En Aguascalientes… Abanico de lunares

Domingo 03 de mayo de 2026. Octava corrida de la Feria Nacional de San Marcos. Plaza de toros Monumental casi media entrada. Se lidiaron seis toros de Tequisquiapan desiguales en presentación y comportamiento. Hubo uno de regalo de la misma ganadería que dejó mucho que desear.

Daniel Luque: Oreja, leves palmas y al tercio en el de regalo

Octavio García El Payo: Silencio y vuelta al ruedo por su cuenta

Diego Sánchez: Oreja y división de opiniones

Detalles: El ganadero Fernando de la Mora dio una vuelta al ruedo junto a Diego Sánchez.

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Mi abanico tiene dos caras y doscientos treinta y ocho lunares, los he contado, manías de la ansiedad quizá.  Y aunque ambos lados parecen iguales no lo son, hay un derecho y un revés, un anverso y un reverso, si te fijas bien notarás que un lado tiene sobre el negro los lunares blancos perfectamente redondeados, el otro las huellas de los errores, los círculos cortados y por ahí hasta una mota sombría

Así como el abanico de lunares es la propia vida, cara y cruz, sol y sombra, triunfo o rechifla, hoy en la Monumental vivimos el blanco y el negro, una corrida que en la primera mitad nos dejó gratísimos sabores azucarados de temple, de mando y de arte, pero la segunda supo a lo amargo de la sosería, a tedio y hasta aburrimiento.

Daniel Luque volvió a esta tierra que le conoce desde su etapa novilleril, ahora convertido en un torero de primer nivel regresó a deleitar a la afición con el primero de su lote de nombre Santander, un toro negro bien presentado, que salió distraído y que apenas cumplió con el piquero. Con la muleta en la diestra se lo pasó por alto, luego doblándose con él y para cerrar con remates por bajo, desde ahí se notaba que el astado iba a la muleta tanto soso en la embestida, pero Luque está en Luque y por izquierda logró llevarlo en tandas a media altura para cerrarlas con detalles por bajo que le ganaron el primer olé desgranado de la afición, continuó por ese lado dejándole la tela escarlata en el sitio correcto para hacerlo pasar, largo y por bajo sin aspavientos, sin necesidad de alardes, justo ahí haciendo parecer fácil lo difícil.

Todo en un mismo perímetro de arena, sereno en la espera que no desespera, la muleta adelante, el cambio y el remate de pecho torero. Arrojó el ayudado a la arena, llegaron las luquesinas en manos de su creador para cerrar con un largo sentido y profundo pase de pecho. Luego detalles por bajo, desdenes tersos y mirando al tendido en instante valioso, mató de entera en buen sitio para que le otorgaran una oreja muy bien ganada y palmas en el arrastre para el toro.

Su segundo fue otra historia, pareciera que el lunar oscuro de mi abanico saltó y llegó hasta el ruedo porque Comprometido no se comprometió. De primera instancia salió alegre, atento y pronto a la capa de Luque, breve puyazo en el que cumplió, pero ya en el tercio final lo quiso llevar por naturales a media altura, pero se quedó parado, levantando la cara en el último tiempo del muletazo, sin emotividad y pocas embestidas, por naturales no había nada que hacerle. Mató de estocada muy trasera y caída, se retiró entre leves palmas.

Se decidió a regalar un séptimo de la misma ganadería titular de nombre Caporal, uno mejor presentado que recibió al pasárselo con el envés del capote, apenas si lo tocó con el percal. En la puya poco castigo, cumple.

Por más de que Luque le insistió el soso y deslucido animal no le permitió crear una labor, le daba su espacio y su tiempo pasándolo a la distancia media, unos tersos, otros suaves, pero sin concatenarse. El toro muy tardo en su embestida, por izquierda en pos de construir emociones, pero por muy esforzado que estuviera Luque, el astado no le colaboró.

Visitas constantes a la arena, el pitón derecho pendiente de sus piernas, ya la escena en tablas buscando el toro sus querencias. Para despedirse luquesinas, pero el astado no fue y por ende adiós lucimiento. Mató de tres cuartos de espada caída, hubo petición, y otra vez el juez de plaza Matador César Pastor no la dio, bravo, así es cómo se le da categoría a esta plaza, devolviéndole el valor a los trofeos, para que se sepa que en Aguascalientes para cortar una oreja cuesta y por ello vale. Siga así.

Otro que vio la luz y la sombra fue Diego Sánchez, los lunares blancos se manifestaron con el primero de su lote, tercero de la tarde, un bien presentado toro a que recibió con larga afarolada de rodillas por el rumbo de las tablas, luego lances a la verónica y media serena.

Brevísima puya, luego gaoneras de cercanías extremas y remate con media que desprendió luz. Con la muleta se puso de rodillas, el cambio y el remate de pecho todavía de hinojos. Después se dio a torear con profundos derechazos, largos acompañando la embestida con todo el cuerpo. Prosiguió por ese mismo lado en tanda sentida y tersa, saliendo del encuentro con serenidad y tranquilidad.

El astado le respondió en su petición, le bajó la mano y le corrió la misma sabroso, para redondear con muletazos por alto. Por naturales también asistió y le pudo dar extensión, luego recortes y adornos. El cambio para pasarlo por la espalda y de ahí sostenerlo para volverle a ligar los pases.  Ya más pendiente del torero y se fue a las tablas, pero Diego lo aprovechó hasta el final.

El astado terminó siendo atento, manteniendo el hocico cerrado hasta el final, rodillas en tierra para el molinete, ya doblaba y mejor decir adiós, mató de pinchazo sin soltar y estocada caía. Para él la oreja, para el toro arrastre lento. Dio la vuelta al ruedo acompañado del ganadero.

Con el sexto del festejo definitivamente no había nada que hacer, Diego Sánchez le buscó hacer faena a un soso que ni siquiera pasaba por las telas. Se deshizo pronto de él y se fue por la espada fallando en varias ocasiones para irse entre una división de opiniones.

Octavio García El Payo tuvo en sus manos a Mar de nubes un berrendo de muy bonita estampa que pronto se fijó en el capote y peleó fuerte en varas. De muleta por doblones y a llevarlo al centro del ruedo, por naturales no era su lado, pero El Payo insistió hasta someterla a su muleta, a media altura, unas veces tomándose del burel para extender le muletazo y eso si se los aficionados se lo recriminaron. Prosiguió más serio en su torero bajándole la muleta y por izquierda ya menos intensidad, se le acabaron las embestidas, se cruzaba para provocarle hasta pasárselo en redondo. En el ocaso de la labor le levantaba la cara, aun así, mejor se fue por la espada dejando un pinchazo hondo, para el astado palmas en el arrastre.

El quinto de festejo se llamó Aroma a toro un astifino y armonioso burel que empujó breve en la vara, luego se lo llevó a los medios, el toro iba pero le costaba, se quedaba parado, El Payo insistía pero la poca fuerza no le dejó hacer mucho.

Por izquierda algunos tersos pero la gran mayoría deslucidos porque no había camino que recorrer, por derecha la misma narrativa, un torero queriendo sin la respuesta positiva entre los pitones quería irse con el grato recuerdo de una afición entregada, extendió en demasía su labor, le tocaron en primer aviso y rápido se fue por la espada dejando tres cuartos de estocada muy caída.